“He empezado a hacer de mí un ser literario, alguien que vive las cosas como si un día debieran escribirse.” Esta frase define de manera certera la obra de la escritora francesa Annie Ernaux (1940), una autora que ha hecho de sus experiencias vitales material de ficción, dando lugar a una literatura que va más allá de las memorias y que juega a explorar la propia identidad de la escritora.

Si en El acontecimiento narraba de manera aséptica aunque angustiosa su traumático aborto siendo una estudiante universitaria en la Francia de los años sesenta, o en La mujer helada su abrumadora experiencia ante la maternidad y el matrimonio, en Memoria de chica (Mémoire de fille, 2016), Annie Ernaux recuerda una etapa de su vida, la juventud, y un hecho que la marcó a fuego, su primera experiencia sexual.

La manera de narrar de Annie Ernaux es metódica, evocadora y, en ocasiones, fría, pero se suntenta en una técnica en la que penetra en la memoria, describe los movimientos de su yo-protagonista y termina desdoblándose en dos mujeres (la recordada y la que recuerda), desvinculándose totalmente para observar desde la distancia. El resultado es una prosa iluminada con luz de quirófano, fría pero no distante, en la que la escritora es capaz de transmitir emociones candentes que extrae desde lo más hondo de sus recuerdos.

Sin embargo, Memoria de chica, más que como recuerdo de una experiencia amorosa y sexual, se plantea como una reflexión sobre la huella que dejan los demás en nuestra memoria y recuerdos. Así lo plantea la propia escritora en sus páginas: “¿Cómo estamos presentes en la existencia de los otros, en su memoria, su forma de ser, sus actos incluso? Desproporción insólita entre la influencia en mi vida de dos noches con ese hombre y la nada de mi presencia en la suya.

La novela de Annie Ernaux es, como otras obras de la escritora francesa, un cuchillo afilado capaz de penetrar en el lector con la precisión de un bisturí. La mirada de la Annie protagonista hacia su presente-pasado se apropia de nuestros ojos y fluye con sus emociones hacia los recuerdos que todo lector haya podido sentir hacia el amor, el sexo o el abandono. En este sentido, Memoria de chica es un libro doloroso y purificador, un viaje emocional entre bloques de hielo que quema con la candencia de la nieve en la mano.

Ficha bibliográfica
Annie Ernaux, Memoria de chica (traducción de Lydia Vázquez Jiménez), Barcelona, Cabaret Voltaire, 2016, 198 páginas.Imagen: Ella de Gerhard Richter, 2007.