Hay escritores cuyo oficio es contar su propia vida. La gran mayoría lo hacen, es cierto, pero en el caso de la francesa Annie Ernaux (1940) el proceso tiene algo de exorcismo y mirada hacia el interior que nos brinda un conjunto de obras muy literarias, pero al mismo tiempo, enormemente personales.

En efecto, Annie Ernaux ha hecho de su vida la materia de muchas de sus obras: ha narrado el ascenso social de sus padres, su matrimonio y su separación. Ha explorado sus experiencias como mujer y ha brindando casi una veintena de obras que se caracterizan por su crudeza y realismo.

En La mujer helada (La femme gelée, 1981), publicada por primera vez en castellano de la mano de la editorial Cabaret Voltaire, Annie Ernaux reflexiona sobre la maternidad y el vaciamiento que produce en una mujer la vida de casada en la década de los años 60 y 70. Es una novela en cuyo esqueleto se encuentra la sabia de la obra de Simone de Beauvoir, en la que una mujer relata su vida desde su infancia hasta los treinta años, en un proceso de deseducación para ser madre y esposa que le convertirá en una “mujer helada”, inmóvil y vaciada de sí misma para dedicarse a su familia y marido.

Al mismo tiempo, Annie Ernaux construye un fresco asfixiante de la vida de provincias, de la que la protagonista intentará escapar mediante la educación o el sexo (“…creía que el saber y un buen oficio me protegerían de y contra todo, incluido el poder de los hombres“), pero que finalmente le impondrá una nueva opresión en un matrimonio convencional y fallido. La voz de la narradora nos nuestra un proceso en el que la identidad y libertad de las mujeres de su generación eran negadas sistemáticamente en aras de un rol social que las congelaba como individuos, en asfixiantes espacios como el matrimonio y la maternidad que suponían una continua renuncia a sus deseos.

Annie Ernaux

La mujer helada es una obra biográfica que nace de una realidad concreta y un malestar absoluto. Como ha declarado Annie Ernaux en una entrevista, la escritura de La mujer helada le permitió replantearse su itinerario como mujer: “Por un lado estaba distanciada frente a este personaje de mujer que finalmente tiene una vida muy normal, no hay nada extraordinario en la historia de La mujer helada. Lo único que quizá sea diferente es la educación que recibe de una madre muy liberal, voluntariosa y feminista. El posicionarme ante este personaje me hizo pensar en cómo yo misma me había convertido en este tipo de mujer que se siente helada.”

En este sentido, en las páginas de su libro Annie Ernaux trata de explicar su vida y de explicarse a sí misma, de conjurar una realidad a través de la palabra y el recuerdo. No engaña al lector la escritora francesa con giros o eufemismos. Estamos ante una narradora capaz de contar su propio aborto durante su etapa universitaria en el relato El acontecimiento. Como se ha dicho de ella en alguna ocasión, Annie Ernaux escribe “a cuchillo”, de manera cruda y, quizá por ello, auténtica.

A pesar de que han pasado más de treinta años desde su primera publicación, La mujer helada no se ha quedado en absoluto antiguada. Es una obra sobre la disolución de la personalidad, el empobrecimiento intelectual y la imposición de la sociedad sobre las mujeres a ocupar fundamentalmente ciertos roles en detrimento de sus deseos y su propia realización. Puede que hayamos avanzado, pero no tanto como debiera haber sido.

Ficha bibliográfica

Annie Ernaux, La mujer helada (traducción de Lydia Vázquez Jiménez), Barcelona, Cabaret Voltaire, 2015, 230 páginas.

La imagen de portada es de la obra de Gerhard Richter (cortesía de la editorial Cabaret Voltaire.) La imagen de Annie Ernaux es de Daniel Mordzinsli y está tomada de el diario El País.