Resulta incomprensible que una novela como Los habitantes del bosque (The Woodlanders, 1887), escrita por uno de los pesos pesados de la literatura, Thomas Hardy (1840-1928), haya permanecido inédita en castellano hasta ahora. Nada menos que 125 años han tenido que transcurrir para que una editorial española, Impedimenta, haya tenido el acierto que publicar una de las grandes obras del poeta y escritor inglés. Cuesta entender las razones pero, al menos, ya podemos disfrutar de esta novela con mayúsculas, Gran Literatura basada en la capacidad de construir texturas y pasajes evocadores y en el robusto trazo de sus personajes. Tiene razón Pilar Vera en su texto publicado en el Diario de Cádiz  al afirmar que es una “pretensión insana” el querer reseñar a un gigante como Thomas Hardy. Un autor de esta estatura te hace acercarte a su obra con cautela y humildad, pero su novela bien merece el intento.

El imaginario condado de Wessex, trasunto de la Inglaterra rural de Hardy, es el escenario de la historia de la joven Grace Melbury, cuyo padre, un próspero comerciante maderero, ha enviado a la gran ciudad para que reciba una buena educación lejos de lo que él considera un entorno tosco y poco refinado. A su llegada a su pueblo natal, Little Hintock, se reencuentra con el que desde niña estaba destinado a convertirse en su marido, el comerciante de sidra Giles Winterborne, quien, pese a amarla sin condiciones, parece no estar ya a la altura de Grace; la educación y las vivencias fuera del hogar paterno la han situado entre dos clases sociales en las que no termina de encontrarse cómoda. La entrada en escena del ambicioso y misterioso médico de la región, Edred Fitzpiers, aristócrata de nacimiento, compondrá un complejo triángulo de amores y desamores en los que el paisaje y la naturaleza serán reflejo de las emociones de los personajes.

Thomas Hardy

El escenario en el que sitúa a sus criaturas Thomas Hardy no es, por tanto, gratuito. En Los habitantes del bosque la naturaleza cobra un especial protagonismo y la historia fluye marcada por sus ritmos: sus habitantes viven el ciclo de las estaciones, que marcan el inicio de la tala, la producción de la sidra o de la caída de la hoja, más allá de lo que implica en su trabajo. En este sentido, Hardy consigue modelar el paisaje de su imaginario Wessex transmitiendo al lector las tonalidades y las texturas que emanan de éste y, por tanto, de las emociones de sus personajes: la melancolía y la laboriosidad del otoño, la alegría de la primavera, la calidez del verano…

Los habitantes del bosque narra una historia de fuerza evocadora y potencia narrativa; ninguna descripción es gratuita y cualquier detalle está medido. La naturaleza se describe más allá de lo ornamental: está viva y emociona como los personajes. Así, en un momento de la novela el personaje de Grace reconoce que “Hintock tiene el curioso efecto de embotellar las emociones hasta que uno ya no puede contenerlas.” En su recorrido narrativo Thomas Hardy es capaz de evocar ese espacio natural y darle vida sin caer en el sentimentalismo, impregnando la historia de los olores, sonidos y colores de la comarca de Wessex y del pueblo de Little Hintock.

Lee el resto de la reseña en la revista digital Ojos de papel.

Ficha bibliográfica

Thomas Hardy, Los habitantes del bosque (traducción y postfacio Roberto Frías), Madrid, Impedimenta, 2012, 452 páginas.

La imagen de Thomas Hardy es de Wikimedia Commons. Imagen de portada: Tanner and Clarke (arquitectos). ‘Design for a cottage in Spotted Cow Farm, Buxted, Sussex, for Percy E. Clarke, Esq. (circa 1911); British Architectural Library Drawings Collection.