Literatura japonesa, Reseñas
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‘El diario de la dama Murasaki’: Murasaki Shikibu retrata la corte Heian

El diario de la dama Murasaki - Murasaki Shikibu

Heian significa “paz y tranquilidad” en japonés. Una palabra certera para denominar a la que fue una de las más esplendorosas épocas, en lo político y social, que la historia japonesa ha conocido a lo largo de los siglos. La corte imperial durante la era Heian, que comprende los años 794 al 1185, se encontraba en Kioto, y allí florecieron artes como la poesía o la música. Un lugar de refinamiento y elegancia increíbles en el que voces femeninas como las de Murasaki Shikibu, la dama Izumi o Sei Shōnagonn dieron a la literatura algunas de las obras más importantes de la cultura japonesa y universal.

Pues bien, si alguien quisiera tomar un catalejo y observar cómo era la corte imperial durante la era Heian dispone de una hermosa obra que permite viajar a la atmósfera que reinaba en los pasillos de la corte y fisgar, desde el anonimato de una celosía, las conversaciones y acontecimientos de un día cualquiera. Ese catalejo no es otro que El diario de la dama Murasaki (Murasaki Shikibu nikki), una obra escrita por Murasaki Shikibu, la autora de La historia de Genji (Genji Monogatari), que la editorial Satori ha publicado en su colección de Maestros de la Literatura Japonesa con traducción de Akiko Imoto y Carlos Rubio. El diario de la dama Murasaki es una obra que destaca no sólo por su retrato de la atmósfera de la corte Heian y por la agudeza de las observaciones de su autora, sino también por mostrarse, como lo denomina el profesor Carlos Rubio, como un verdadero “periscopio” de una era caracterizada por el refinamiento cortesano.

El diario de la dama Murasaki es un verdadero “periscopio” de la era Heian, caracterizada por el refinamiento y elegancia cortesanos y por su prosperidad.

La génesis de El diario de la dama Murasaki continúa siendo un enigma para los estudiosos de la literatura japonesa, al igual que el nombre real y la vida de su autora, Murasaki Shikibu. Lo que sí queda de manifiesto es que está escrito en prosa japonesa (wabun) y que el texto original no estaba dividido en capítulos; han sido las versiones modernas las que han establecido esas particiones, lo cual se refleja en la edición de la editorial Satori, basada en la división numérica en 69 capítulos de la profesora Junko Yamamoto.

La historia se inicia en el final de la noche, en la masión Tsuchi Mikado. Mientras la corte se despereza, se oyen plegarias budistas que ruegan por el buen parto de la empreatriz. Así comienzan las páginas de Murasaki Shikibu, dando cuenta de los primeros días del príncipe heredero.

El relato de la vida cotidiana que ofrece al lector la dama Murasaki transmite el deslumbrante lujo y preciosismo de los ropajes de los integrantes de la corte, que refulgen en suntuosidad y colorido. La música también acompaña a los miembros del séquito, como un personaje más. Además hay cabida para reflexiones acerca de otros miembros de la corte, como las damas o la propia emperatriz Shoshi. Así, encontramos observaciones sobre damas que han pasado a la posteridad como la dama Izumi, a la que Murasaki Shikibu dedica elogiosas palabras sobre su talento, aunque no así a Sei Shōnagon, autora del célebre El libro de almohada (Makura no Sōshi), a la que califica de pretenciosa. También atisbamos momentos del machismo de la corte japonesa, donde una mujer con conocimientos de chino, lengua culta por aquel entonces, era vista con sospechas.

Como sucedía en otra obra escrita a modo de confesiones, el El diario de la dama Izumi, la narradora de El diario de la dama Murasaki y otros miembros de la realeza convertidos en personajes intercambian improvisados pero elegantes poemas sobre momentos de la cotidianidad en la corte.

Sin embargo, observamos en sus palabras que la dama Murasaki deja traslucir un cierto hastío de la corte, cuanto no disconformidad, hacia una vida que en el fondo no le gusta. No falta alguna pincelada sobre su estado anímico (“…mi vida navega en un mar de melancolía“) y reflexiones a cerca de las cualidades de una buena dama de honor (“…buena presencia, modestia, serenidad y dominio de sí misma. La reunión de esas cualidades le dará elegancia y encanto de modo natural y su presencia irradiará paz.”)

El diario de la dama Murasaki es una obra que transmite una cierta nostalgia del pasado; ciertamente, está narrada como si fuera una confidencia a una persona cercana. Murasaki Shikubi, en realidad, escribió siempre para un reducido círculo de personas, y la estructura refleja una voluntad de traslador acontecimiento sucedidos realmente, si bien a modo de recuerdos y con una presentación cronológica endeble.

La edición de Satori El diario de la dama Murasaki ofrece una cuidada traducción a cargo del profesor Carlos Rubio y Akiko Imoto gracias a la cual podemos disfrutar de un texto de agudas observaciones sobre el mundo de la corte Heian. El volumen se completa con tres apéndices: el primero recoge la transcripción de todos los poemas incluidos en el diario en su escritura original y en alfabeto latino, el segundo incluye una genealogía de la familia Fujiwara y de los emperadores, y el tercer apéndice plazos y distribución de habitaciones donde podían encontrarse a los miembros de la corte en el palacio de Tsuchi Mikado. Un volumen para amanten de la era Heian y del Japón tradicional y refinado.

Ficha bibliográfica

Murasaki Shikibu, El diario de la dama Murasaki (traducción de Akiko Imoto y Carlos Rubio; introducción de Carlos Rubio), Gijón, Satori, 2017, 215 páginas.

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