En Literatura, pensar en la familia nos lleva de inmediato a uno de los inicios más célebres y amargos jamás escritos: “Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas lo son cada una a su manera.” La (inevitable) cita de Ana Karenina viene a propósito de la reciente publicación por parte de la editorial Satori de Las hierbas del camino (1915), del escritor japonés Natsume Sōseki, amarga novela en la que la familia y las complejas y dolorosas relaciones que pueden existir en su seno son el polo principal en torno al cual gira la vida de su protagonista, Kenzo, un trasunto del autor que nos llevará a través de los caminos del dolor y la amargura que el propio Sōseki experimentó y que recoge en esta novela de manera honesta y descarnada.

Kenzo es un profesor frustrado en su trabajo que vive inmerso en un matrimonio en el que no existe el amor y en una vida que no le hace feliz. Un día recibe la visita de su padre adoptivo, Shimada, con el que dejó de tener contacto hace años. El encuentro no es casual: su padre se encuentra en una situación precaria y viene a pedirle prestado dinero. De pronto, el pasado que Kenzo ha querido arrinconar en su memoria retoma con fuerza el presente, viéndose atrapado en una constante demanda de nuevas cantidades de dinero y en unos recuerdos dolorosos y amargos que tienen como principal causa la fría relación que mantuvo con sus padres de adopción.

Mientras esto sucede, Kenzo constata sin emoción ni afectación que su propia familia no tiene ningún significado para él. Las relaciones con su mujer son tensas y desprovistas de cariño, caracterizadas por eternas discusiones en las que se pelotea el desprecio, el rencor y el deseo mutuo de hacer daño mediante las palabras o incluso la indiferencia. La alegría infantil de sus dos hijas pequeñas, o la llegada de un nuevo hijo, no son capaces de despertar a Kenzo de la indolencia y la amargura.

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Ficha bibliográfica

Natsume Soseki, Las hierbas del camino (trad. Yoko Ogihara y Fernando Cordobés), Gijón, Satori, 2012, 288 páginas.

La imagen de portada es cortesía de la editorial Impedimenta.