En la vasta y compleja producción narrativa del escritor japonés Junichiro Tanizaki (1886-1965) se encuentran algunas obras que son como pequeñas joyas o rarezas que no desmerecen a las grandes novelas como Las hermanas Makioka, Naomi, Sobre Shunkin o a ensayos tan célebres como El elogio de la sombra. Una de esas pequeñas joyas es El Club de los Gourmets (Bishoku kurabu), un relato breve escrito en 1919 que la editorial Gallo Nero ha recuperado en una magnífica edición que cuenta con las ilustraciones de Yoko Nakajima (1981).

El Club de los gourmets es uno de esos relatos que gravitan en torno a la búsqueda del placer y el hedonismo. La historia se centra en cinco excéntricos sibaritas que forman parte de una suerte de sociedad secreta gastronómica, en busca continua de nuevos manjares de alta cocina y de estímulos y exquisiteces aún desconocidos. Como señala el narrador, son “una banda de haraganes sin más ocupación que el juego, las mujeres y el gusto por la buena mesa” que, aburridos de la gastronomía delicatessen japonesa de la que creen haber probado ya todo, buscan por todos los medios satisfacer esos “placeres epicúreos que colmaban tanto tus apetitos carnales como espirituales“. Un día, uno de ellos, el conde G., atraído por un olor embriagador y desconocido, llega hasta un misterioso edificio donde un restaurante chino conocido sólo por unos pocos privilegiados despierta su interés con la promesa de platos sorprendentes e inimaginables.

Junichiro Tanizaki y la búsqueda del placer

Más que aficionados a la gastronomía, Junichiro Tanizaki presenta a sus personajes como glotones en continua búsqueda de experiencias sensoriales que van mucho más allá del disfrute con la comida. En este sentido, muestra un grupo de individuos que, más que devorar, son devorados por sus pasiones, por esa ansia de sensualidad sin control y de experiencia estética que el narrador resume al concluir el propio relato: “Al final ya no se limitaban a degustar exquisiteces, sino que eran consumidos por ellas y yo, por mi parte, estoy convencido de que en un futuro no muy lejano eso solo puede derivar en dos consecuencias: la absoluta locura o la muerte.

La prosa de El Club de los Gourmets es, por otra parte, un reflejo de esa exuberancia y exquisitez que buscan los personajes en los platos de la gastronomía japonesa, al mismo tiempo que recrea ese mundo turbio y ambiguo que suele caracterizar otras de las obras del escritor y que en este relato se torna fascinante e hipnótico. El escritor japonés ofrece al lector, en este sentido, un relato cuajado de esteticismo que, en la edición de Gallo Nero, se incrementa gracias a las magníficas ilustraciones de Yoko Nakajima, una artista japonesa galardonada, entre otros, con el premio de la Sociedad de Ilustradores de Tokio (TIS).

El Club de los Gourmets es, en definitiva, un relato que se disfruta como un plato elaborado pero breve, de los que dejan un gusto repleto de resonancias y sabores que no empalagan. No dejen de leerlo.

Ficha bibliográfica

Junichiro Tanizaki, El club de los gourmets (traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés; ilustraciones de Yoko Nakajima), Madrid, Gallo Nero, 2016, 76 páginas.

La ilustración de portada es obra de Yoko Nakajima. Cortesía de la editorial Gallo Nero.