La pasión por el dinero engendra monstruos. En Papa Goriot (Le Père Goriot, 1835) la fiereza del retrato es fría y sutil como el trabajo de un cirujano: la novela gira en torno a varios temas interrelacionados como lo miserable del ser humano y sus motivaciones, la pobreza moral (y real) que se esconde bajo las apariencias,  la moral corrompida por el dinero y por el egoísmo y el arribismo social. Un relato genuinamente decimonómico de la superficie y profundidades de la sociedad parisina del XIX en la que Honoré de Balzac dibuja con ironía y pesimismo unos personajes complejos y muy humanos.

Uno termina de leer Papa Goriot y comprueba con horror que en realidad nada ha cambiado en más de cien años: el dinero es el principal motor (y corruptor) del mundo. La novela, publicada en forma de entregas en 1834 y un año más tarde en forma de libro, narra la historia de Goriot, un comerciante de pasta de fideos parisino que ha trabajado durante toda su vida para ofrecer a sus dos hijas, Delfina y Anastasia, una posición económica y social privilegiada. Casadas y con títulos nobiliarios, las hijas viven en su nuevo círculo social entregadas al lujo y al gasto de dinero, avergonzándose de su padre y de sus orígenes. Símbolo de la abnegación paterna, Goriot sólo vive para sus hijas, teniendo como única ilusión que éstas sean felices, aún a costa de ser rechazado en el círculo al que sus hijas han accedido gracias a él.

Papa Goriot: arribismo como medio de ascenso

Espectador de esta tragedia es el joven estudiante Eugene de Rastignac, ejemplo del arribista social del XIX que también retrató con acierto Guy de Maupassant en su Bel Ami.

Balzac utiliza a este personaje como contrapunto de Goriot y se sirve de su mirada de espectador y, poco a poco, actor, del teatro de la sociedad parisina, conduciendo al lector desde abajo a arriba, desde las capas sociales menos favorecidas del París decimonónico a los salones aristocráticos.

Rastignac comprende muy pronto que el trabajo duro y sin atajos no le conducirá de inmediato a ese “gran mundo” que anhela. Su desprecio hacia el comportamiento de las hijas de Goriot para con su padre no salva su condición de arribista. Su desafío a la ciudad de París en las últimas páginas, ya perdida su inocencia, es toda una declaración de principios y recuerda a la mirad de águila de Fermín de Pas en La Regenta de Clarín:

Al quedar solo, Rastignac dio unos pasos hacia lo alto del cementerio y contempló París, tortuosamente extendido a lo largo de las dos orillas del Sena (…) Sus ojos se quedaron prendidos, casi ávidamente, entre la columna de la Plaza Vendôme y la cúpula de los Inválidos, donde vivía aquel mundo elegante en el que había querido penetrar.

Papa Goriot es un lúcido y pesimista retrato del materialismo e individualismo más feroz, de la miseria de las clases emergentes como la burguesía y los vicios y debilidades de la aristocracia. Un retrato de las miserias de la sociedad parisina del XIX en la que Goriot sobresale como personaje tragicómico y Rastignac ejemplifica una vez más que sólo hay que estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, tener voluntad y ganas de verse las caras con los anhelos mas buscados.

Ficha bibliográfica

Honoré de Balzac: Papá Goriot, Madrid, Alba, 1997, 318 páginas.

Imagen: Papa Goriot por H. Daumir. En Wikimedia Commons.