El pan a secas, de Mohamed Chukri

‘El pan a secas’, de Mohamed Chukri: la infancia hambrienta

Existe una literatura que plantea caminar sobre cristales. Una literatura áspera, que no busca la complacencia del lector. Narraciones que convierten el acto de contar en un trago amargo. El escritor marroquí Mohamed Chukri (1935-2003) juega en esa liga en El pan a secas (Al-jubz-al-hafi, 1973), novela prohibida en los países árabes durante casi dos décadas y hoy obra de culto.

La historia que cuenta El pan a secas es la que Mohamed Chukri mejor conoce: la suya. Y su historia está dominada por una palabra. Hambre. Hambre del estómago y de la vida. Hambre vivida y hambre que se queda en los huesos como una sombra. Chukri cuenta en esta novela autobiográfica, de estilo realista, directo, rocoso, su infancia y juventud en varias ciudades de Marruecos. Y, en sus calles, especialmente. Nacido en el seno de una familia humilde en la que la violencia y los malos tratos eran parte del día a día, el escritor marroquí se agarra a sus recuerdos sin endulzar ni una sola línea, relatando su historia con toda la crudeza con la que sucedió. «El pan desnudo lo escribí a través de mis tripasdecía el autor sobre su obra-. Es un testimonio sobre una época, la emigración de los rifeños hacia el norte, durante la sequía«.

Ese testimonio al que alude es fundamental para entender muchos aspectos de la novela. Originario de la región del Rif, al norte de Marruecos, Mohamed Chukri tuvo que emprender junto a su familia un éxodo, motivado por el hambre y la necesidad de tener una vida mejor, hacia la ciudad de Tánger y, posteriormente, Tetuán. Su infancia se desarrolló en las calles, rodeado de miseria. Su juventud no fue mucho mejor. Empleos mal pagados, el descubrimiento confuso y acuciante del sexo, la huida del hogar y finalmente una estancia en prisión. El pan a secas relata un camino desde la infancia hasta la juventud lleno de sinsabores, de miedos y recelos, aunque está narrado con una honestidad y autenticidad que cautivan pese a lo que se está leyendo es terrible.

A pesar de su dureza, la historia de Mohamed Chukri es fascinante como su propia persona. De origen humilde, vivió una difícil infancia que retrata en El pan desnudo hasta que acabó en prisión. Hasta entonces analfabeto, Chukri decidió ir a estudiar a la ciudad de Larache, donde entró en contacto con la literatura. Sus inquietudes le llevaron a fraguar amistad con escritores como Paul Bowles, Jean Genet y Tennessee Williams, encuentros que recogerá en sus libros de memorias Paul Bowles, el recluso de Tánger, Jean Genet y Tennessee Williams en Tánger.  Además tradujo al árabe poemas de Antonio Machado, Vicente Aleixandre y Federico García Lorca, entre otros. Y es que la obra de Mohamed Chukri tiene como materia prima su propia vida, pero también es testimonio de una época de convulsa, marcada por el hambre y violencia.

El escritor marroquí narra la vida sin adornos (especialmente en esta primera parte de su trilogía autobiográfica, que se completa con Tiempo de errores (1992) y Rostros, amores, maldiciones (1996)), componiendo una obra coherente, auténtica y desnuda que atrapa desde sus primeras líneas. Fascinante y brutal. Como la vida.

Mohamed Chukri, El pan a secas (traducción de Rajae Bou,ediane El Metni), Barcelona, Cabaret Voltaire, 2018, 272 páginas.

Imagen de portada: Argelia, (c) Dirk Alvermann. Imagen de Mohamed Chrukri, (c) Cabaret Voltaire.

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