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‘El cuento de la criada’, de Margaret Atwood

El cuento de la criada - Margaret Atwood

Como suele suceder con algunos autores que sólo consiguen salir de los círculos minoritarios gracias a la concesión de galardones mediáticos, conocí la obra de la canadiense Margaret Atwood (Ottawa, 1939) a raíz de la concesión del Premio Príncipe de Asturias a las Letras en 2008. Se trata de una escritora con una obra variada y lúcida, comprometida con la posición social e individual de la mujer, y entre la que destaca su célebre novela El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale, 1985). Con ella me acerqué a su literatura y a su lectura le siguió la de otras novelas como La mujer comestible (The Edible Woman, 1969), Resurgir (Surfacing, 1972) o El asesino ciego (The Blind Assassin, 2000).

Hace unas semanas me acerqué de nuevo a El cuento de la criada. Recordaba haber disfrutado del libro y de la historia, y me apetecía volver a sus páginas. Su relectura me ha confirmado que hay novelas que ganan con las revisiones.

La historia de El cuento de la criada se centra en una espeluznante distopía en la que se narra, a través de una voz femenina en primera persona, un futuro en el que, tras unas guerras con armas nucleares, los Estados Unidos se han transformado en la república de Gilead, una suerte de teocracia basada en el puritanismo y en la interpretación extrema del Antiguo Testamento en el que la sociedad se estructura y organiza de manera patriarcal y arcaica.

Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada

La narradora, Defred, nos relata su historia mediante continuos flashbacks en forma de recuerdos mientras reconstruye su presente en la república de Gilead, que ha relegado a las mujeres a unos pocos papeles: esposa, madre y ama de casa. Papeles que los hombres de la oligarquía que domina este estado han decidido que deben ser los que interpreten las mujeres. La sociedad de la república de Gilead, controlada por Ojos y vigilada por Ángeles, está dirigida por una élite política compuesta por los llamados Comandantes. Sometidas a éstos se encuentran las Esposas, asistidas por las Marthas, mujeres encargadas de las labores de la casa. Por último, las Criadas, mujeres cubiertas con hábitos rojos que no tienen ningún control sobre su cuerpo, y cuya única misión es engendrar a los hijos de los Comandantes. A esta categoría pertenece la narradora, que va desgranando su historia y la de la sociedad en la que vive con cierta nostalgia y resignación. Las criadas están sometidas en todos los aspectos y ni siquiera son madres ya que al dar a luz a los hijos de los Comandantes éstos son criados por las Esposas. Sólo son un cuerpo que debe preservarse oculto, un vientre para asegurar la descendencia de la oligarquía.

Margaret Atwood, a través de la historia de Defred y de sus recuerdos de antes de la instauración de la república de Gilead, hace hincapié en todo aquello que se puede arrebatar a las mujeres: trabajo, posición social, pensamientos, capacidad crítica, sexo, libertad… Las ideas son peligrosas para el Estado totalitario que imagina Atwood, como  lo eran los sueños en El Palacio de los Sueños de Ismail Kadaré. Por esta razón las mujeres son educadas en Centros que trabajan directamente para destruir la conciencia individual de las Criadas. Las Criadas han perdido todo, incluso el nombre. Son propiedad de los hombres, por eso reciben nombres como Defred (que pertenece a Fred) o Deglen.

En un mundo donde la procreación es sagrada y la concepción limitada, El cuento de la criada va esbozando una historia espeluznante y oscura. El totalitarismo que recrea Atwood es extremo, pero su denuncia del control de las mujeres (especialmente en lo que se refiere a su capacidad de ser libres, de decidir sobre su vida y sobre su función reproductora) es tan actual que no deja de ser inquietante. La escritora canadiense no es sutil en su denuncia feminista. No le hace falta. El miedo a las mujeres y a su sexualidad no es algo del futuro. Atwood lleva al extremo situaciones que ya están sucediendo, lo que hace de la lectura de esta novela algo necesario.

La distopía de Atwood está trazada con una cierta sequedad y análisis minucioso, vertebrando una narración de textura áspera donde las observaciones de la protagonista se tiñen de una cierta frialdad. Estamos ante un libro magnífico cuya lectura es mucho más que recomendable. Tan sólo el cierre del libro, que actúa como válvula de escape a la tensión narrativa y que se basa en el manido recurso del “manuscrito encontrado”, resta un poco de intensidad a la novela. No obstante, el resultado global es casi redondo.

Ficha bibliográfica

Margaret Atwood, El cuento de la criada (trad. Elsa Mateo), Barcelona, Bruguera, 2008, 477 páginas.

La imagen de Margaret Atwood la he extraído de brainpickings.org.

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