Los viajes pueden cambiarnos. Dar completamente la vuelta a nuestras vidas y desvelarnos aspectos de nosotros mismos que desconocíamos o que habíamos enterrado hace tiempo. El escritor irlandés Brian Moore (Belfast, 1921-1999) toma esta idea del viaje como momento de cambio y nos plantea en su oscura novela La mujer del médico (The Doctor’s Wife, 1976), editada en español por Contraseña, el periplo de una mujer desde una grisácea y políticamente inestable Belfast de los años 70 a una brillante y seductora París en la que encontrará varios motivos para plantearse el sentido de su matrimonio y el de su propia vida, de la que finalmente decide tomar el control.

En La mujer del médico, Sheila Redden, una mujer de 37 años que vive una vida tranquila como ama de casa, planea un viaje por el sur de Francia para rememorar su viaje de novios. Por culpa de varios imprevistos relacionados con el trabajo, su marido, Kevin, tiene que quedarse en Belfast por lo que Sheila decide ir a París, pasar una noche en casa de una antigua compañera de universidad, Peg, y de ahí ir a Villefranche a esperar a su marido en el hotel donde 16 años antes pasaron su luna de miel. Sin embargo, en París conoce a un joven americano llamado Tom Lowry con el que, inesperadamente, inicia una relación. Las sucesivas excusas de su marido para no acudir a Francia evidencian el poco interés que éste tiene por ese viaje, por lo que decide hacer caso a sus impulsos e iniciar una apasionada relación con Tom.

Brian Moore

Viajes físicos y emocionales

La mujer del médico sustenta su historia en un doble viaje: el físico y el emocional. El físico queda claro y permite al escritor irlandés contraponer dos realidades históricas bien distintas. Por un lado, la política y social de Irlanda del Norte y, por otro, la vibrante y moderna de Francia. En este sentido, se trata de un libro que sugiere el trasfondo político y social de la época en la que está escrito. Así, Sheila representa ese horror y asco de vivir en un país asediado por las tensiones políticas y, a su vez, representa el desapego y, en última instancia, la liberación, de gran parte de la población católica irlandesa. El agnosticismo de la protagonista es patente, y mediante las directas descripciones sexuales el lector queda impactado por el salto personal que Sheila emprende al pasar de su aburrida vida doméstica a una vida más adulta y un mayor control sobre sus pulsiones.

En cuanto al viaje emocional, éste se conecta con el propiamente físico. El planteamiento del personaje protagonista parte de un grave error: iniciar un viaje a un lugar en el que vivió un momento feliz e intentar volver al pasado para recuperar una relación y un matrimonio que ya no existen. Este viaje, en lugar de ayudar a Sheila, sólo consigue hacer más profundo el abismo existente entre su marido y ella y devolver a la protagonista la conciencia de su propia personalidad (esa Sheila que estudió en París y que tenía inquietudes intelectuales más allá de la aburrida vida de ama de casa que lleva en su matrimonio) y, sobre todo, de su cuerpo y su sexualidad. Su matrimonio la ha atrapado en un universo que no se corresponde ni con su educación ni con sus inquietudes, pero han tenido que pasar más de 15 años y muchas decepciones para que el personaje despierte de ese encierro. No sucede así con Kevin, que sólo sabe resolver con ira y egoísmo la evolución de su mujer. En este sentido, Brian Moore expone la idea del matrimonio como una jaula que encierra y limita a sus miembros, y que vemos tanto en la relación de Sheila con Kevin como la del hermano de la protagonista, Owen, con su mujer.

Brian Moore: voces y narradores

En la novela de Brian Moore llama la atención la voz narrativa, desigual en algunos fragmentos, en los que pasa de la tercera persona del singular a una primera persona sin transición, una situación que extraña y de la que no estoy segura de que haya sido resuelta de manera satisfactoria. Asimismo, el narrador pasa de la personalización más directa dirigiéndose a su personaje como Sheila, a la distanciadora fórmula de “la señora Redden”, sin que quede claro por qué lo hace así el escritor irlandés. De todas formas, estamos ante un punto de vista múltiple, casi pictórico, donde un narrador plenamente omnisciente pasa del punto de vista de la protagonista a otros más secundarios como la pareja del hotel de Villefranche que observa el affair de la señora Redden o la vida de la familia de Sheila o la de su hermano. Únicamente el personaje de Tom Lowry queda desdibujado por la escasa atención que sobre él pone el narrador, convirtiéndolo en una figura lejana de la que no quedan claras sus intenciones.

Pese a estas pequeñas fallas en la arquitectura narrativa de la novela, estamos ante una historia dueña de un pulso capaz de caracterizar de manera más que destacable una personalidad como la de Sheila Redden, personaje de aristas que, conforme avanza la novela, va dejando un cierto desconsuelo sobre el rumbo que sus (consecuentes) decisiones toman. Una novela interesante e intensa.

Ficha bibliográfica

Brian Moore, La mujer del médico (traducción de Ismael Attrache, ilustración de cubierta de Ana Juan), Zaragoza, Contraseña, 2013, 304 páginas.

La ilustración es de Ana Juan y la imagen está tomada de la web de la editorial Contraseña.

La imagen de Brian Moore está tomada de la web biography.com.