La literatura tiene como eje fundamental una serie de temas universales que articulan el significado y la trama de sus historias. En muchos casos, con mayor o menor fortuna, el polo en torno al cual gravita la obra literaria se centra en uno de los pecados capitales. Tema netamente cristiano, anclado en la literatura occidental, el pecado, la transgresión de las enseñanzas morales, supone un tema de gran atractivo y complejidad al que muchos autores han dedicado sus obras.

Goncharov

Existen numerosos ejemplos de este tipo de temática. Algunos de ellos han atraído mayor atención, como  la lujuria, probablemente por su significado moral, pero ninguno de ellos se ha quedado al margen. Otros, como la pereza, han tenido un tratamiento más secundario, aunque no por ello inexistente. Ya en la Divina Comedia Dante Alighieri trató el pecado capital desde una perspectiva moralizante-cristiana en su recorrido en el Purgatorio, y, en España, el poeta español Gustavo Adolfo Bécquer dedicó un curioso ensayo a la pereza.

En la literatura rusa existe una interesante novela en la que la pereza está presente como tema central y seña de identidad de su personaje protagonista: Oblómov (1859), de Iván A. Goncharov (1812-1891), un irónico, inteligente y devastador retrato de la indolencia y sus consecuencias.

El “oblomovismo” y la pereza

Oblómov narra la historia de Ilia Illich Oblómov, un terrateniente propietario de varias haciendas que no tienen ningún interés para él. Tumbado en su diván, rodeado de comodidades y de la tranquilidad que supone “vivir de las rentas”, el protagonista vive en la indolencia y la pereza, incapaz de mover un dedo ante la realidad que su amigo, el emprendedor Shtolz, le pone delante: su vida carece de objetivos y propósitos y, por si fuera poco, los administradores de sus propiedades le están robando y esquilmando.

Goncharov, sirviéndose de la fábula de la pereza, pone el acento en un tipo de individuo común en la Rusia de la época: los rentistas. El retrato que el narrador ruso perfila del indolente Oblómov queda más patente si cabe al introducir un personaje antagónico como Shtolz, el gran amigo del protagonista. Ambos constituyen la gran dicotomía de la novela: por un lado, Oblómov encarga la pereza y la falta de espíritu mientras que, por otro, su amigo representa el entusiasmo y la acción.

Sin caer en ningún momento en la parodia, el protagonista se va diluyendo poco a poco, a pesar de los esfuerzos de su amigo y de un fugaz intento de sacudirse la desidia de encima, en una manera de ser sin retorno dominada por la falta de espíritu y la molicie.

Nada más comenzar la novela el autor ruso marca las pautas del personaje:

Tendría unos treinta y dos o treinta y tres años, era de talla mediana y aspecto agradable; sus ojos de un gris oscuro carecían de expresión determinada, así como de firmeza todos sus rasgos. Las ideas se paseaban como aves en libertad por su rostro, revoloteaban en sus ojos, se posaban en sus labios entreabiertos, se ocultaban en los pliegues de su frente para desaparecer luego por completo, y entonces una luz indolente de despreocupación iluminaba su cara. Esa despreocupación se manifestaba en las posturas de todo su cuerpo, incluso en los pliegues de su bata.” (1)

Visto el retrato con el que se inaugura la novela y, tras finalizar sus lectura, cabe preguntarse si Oblómov es un producto de su sociedad y de su clase o, por el contrario, hay algún tipo de esperanza para un personaje como él. Sin embargo, Goncharov es despiadado en su retrato del “oblomovismo“: su protagonista es y siempre será un ser dominado por la pereza. Está en su naturaleza, como lo está en la de Shtolz la acción.

Oblómov es, en definitiva, un interesante y divertido ejercicio narrativo donde la historia gira en torno a un problema capital: la pereza. Un juego de espejos que nos incita a reflexionar y examinar nuestra propia existencia desde los ojos del incansable e impotente Shtolz.

Referencias

(1) GONCHAROV, Iván A.: Oblómov, Barcelona, Alba, 2002, pág. 13.

La imagen es el Retrato del autor Iván Goncharov de Ivan Kramskoy, (c) abcgallery