Hiromi Kawakami (1958) es una escritora de personajes. De personajes que se mueven en historias de armazón endeble pero que tienen en la creación de atmósferas su red de seguridad. Reconocida y premiada en su país, la narradora nipona es uno de esos ejemplos de «literatura de emociones» amable (en la misma línea de Yoko Ogawa o Kyoichi Katayama), que juega a plantear «momentos de vida» construyendo personajes con mimo y detalle. Es, por ello, una autora que no incomoda y que gusta por sus historias melancólicas y delicadas tan del gusto de muchos lectores occidentales, que buscan en la literatura japonesa el reflejo de la idea preconcebida que de ella se tiene.
Un buen ejemplo de ello es su cuarta novela, El señor Nakano y las mujeres (Furudogu nakano shoten, 2005), publicada en español, como muchas otras novelas de la escritora, por la editorial barcelonesa Acantilado. Se trata de una historia «amable» sobre cuatro personajes solitarios ligados a un escenario común: la tienda de venta de objetos de segunda mano del señor Nakano. En ella encontramos a la narradora Hitomi, empleada del señor Nakano, un hombre de carácter peculiar y, a la vez, pragmático, que siente pasión por las mujeres, a Takeo, un tímido dependiente del que poco a poco Hitomi se siente atraída, y a Masayo, la hermana del señor Nakano, una mujer madura amante del arte y aficionada a dar consejos.
En la narración los objetos también adquieren protagonismo, como si la escritora nipona quisiera introducir al lector en el universo anárquico de «objetos viejos» que vende el señor Nakano en su tienda. Así, los capítulos del libro se dedican al objeto en torno al que girará la historia: un abrecartas, un cuenco maldito, un poster con una actriz de moda de épocas pasadas, un pisapapeles… Elementos que permiten moldear y ahondar en el pasado y presente de los personajes, dotando de mayor plasticidad y ecos a la narración que vertebra (muy débilmente, por otra parte), la novela.
Hiromi Kawakami: personajes y atmósfera en El señor Nakano y las mujeres
Uno de los aciertos de la escritora en El señor Nakano y las mujeres es el de crear unos elementos básicos que caracterizan a sus personajes y, sobre todo, la atmósfera que les rodea, materializada en esa prendería o tienda de objetos usados que se comporta como un protagonista más.
En este sentido, nos encontramos con una novela sobre «momentos», sobre un pedazo de tiempo que Hiromi Kawakami extrae con el fin de mostrar al lector algunos «instantes de vida» de sus personajes. En definitiva, una cotidianidad con la que podemos sentirnos cómodos. Y esto es precisamente un punto que hace de El señor Nakano y las mujeres un ejemplo de literatura sentimental que no trasciende: es una novela para dejarse llevar por la narración y las historias, para mirar el mundo con una mezcla de condescendencia, sonrisa y, finalmente, olvido. Los momentos de esas vidas que nos cuentan no afectan o transforman la nuestra. Los personajes no se recuerdan por nada especial. Son demasiado frágiles. Tras la lectura, quedan olvidados como los objetos viejos que vende el señor Nakano.
El señor Nakano y las mujeres es, por tanto, una novela de lectura agradable, pero que no nos deja más marca que la de un vago recuerdo sobre una historia amable sobre una tienda de objetos de segunda mano y las historias que pueden surgir de éstos. Muchos de los seguidores de Hiromi Kawakami defienden su prosa sencilla en la que no pasa nada. No hay nada malo en ese tipo de literatura. Pero en el caso de Kawakami es demasiado amable. Falta fuste. Falta emoción. Faltan los dientes de los libros que dejan marca.
Referencias
Hiromi Kawakami, El señor Nakano y las mujeres (traducción de Marina Bornas Montaña), Barcelona, Acantilado, 2012, 239 páginas.
La imagen de portada es cortesía de la editorial Acantilado. La imagen de Hiromi Kawakami está tomada del blog de Rafael Narbona.