En 1847 el escritor estadounidense Edgar Allan Poe publicó Los crímenes de la calle Morgue (The Murders in the Rue Morgue), el primer relato de género negro o policíaco cuya historia también inauguraría la tradición detectivesca del denominado “misterio del cuarto cerrado“, en el que se plantea un asesinato acontecido en una habitación en la que el culpable no ha podido entrar ni salir. El ingenioso planteamiento de su trama daría pie a otros escritores a explorar este elaborado enigma, entre los que destacan el francés Gaston Leroux con El misterio del cuarto amarillo (Le Mystère de la Chambre Jaune, 1907). Pero fue el inglés Israel Zangwill el que sentó las bases del “misterio del cuarto cerrado” con su novela El gran misterio de Bow (The Big Bow Mistery, 1892), que acaba de publicar la editorial madrileña Ardicia con traducción de Ana Lorenzo.

Israel Zangwill

En el número 11 de la calle de Glover Street, en el East End de Londres, la señora Drabdump se inquieta al ver que su inquilino, el joven señor Constant, un filántropo unido a los movimientos sindicalistas y obreros, no se levanta a la hora acostumbrada. Tras llamar a su vecino, el señor Grodman, un detective de Scothland Yard retirado, derriban la puerta de su cuarto y descubren con horror que éste ha sido asesinado. Todo apunta a que otro inquilino de la casa, Tom Mortlake, ha podido tener motivos para acabar con su vida. A partir de entonces se establece una apasionante investigación en la que un misterio aparentemente imposible se intenta resolver mediante el juego de pistas y deducciones lógicas.

Israel Zangwill (1864-1926) fue un escritor, periodista y profesor inglés de origen ruso. También es uno de los principales impulsores del movimiento sionista, así como defensor del voto de las mujeres y del pacifismo. Su novela más célebre es Children of The Ghetto (1892), pero con El gran misterio de Bow logró situarse entre los pioneros de las novelas de misterio y detectives.

Una novela de detectives con “misterio de cuarto cerrado”

En El gran misterio de Bow la resolución del crimen se plantea como un puzzle cuyas fichas son tanto los acontecimientos como los propios personajes de la novela. Zangwill juega con el desvío de atención (misdirection) y provoca que el lector, como sus personajes, crea haber percibido algo que en realidad no ha sucedido. Al mismo tiempo, el planteamiento de Israel Zangwill destaca no sólo por su construcción narrativa y la ingeniosa composición de la trama detectivesca, sino también por su sentido del humor, por su divertida caracterización de sus personajes y por el fresco que pinta de algunas clases sociales del Londres victoriano. Así, nos encontramos con obreros, sindicalistas, policías, poetas convertidos en “negros” literarios, rivalidades casi infantiles entre detectives e incluso “cameos” de personajes históricos como el del político William Ewart Gladstone.

Efectivamente, no le falta a la novela sentido del humor e incluso momentos metaliterarios y referenciales, como cuando el autor señala, a través de la carta que un lector anónimo envía a los diarios que buscan arrojar luz sobre el misterio, que éste “recordaba al del crimen de la calle Morgue” y “recomendaba a los editores del señor Edgar Allan Poe que interpusieran una demanda.

El gran misterio de Bow es una novela indispensable para los amantes de las historias de detectives y de los juegos lógicos. Escrita con fina ironía y ciertos toques de humor negro, ha aguantado el paso del tiempo sin que la historia se haya resentido ni un ápice. Como el propio Israel Zangwill decía de ella, “El gran misterio de Bow me parece un excelente relato policíaco y, como tal, aun siendo tan sensacionalista como lo suelen ser estas historias, contiene más humor y caracterización de personajes que el mejor de ellos.

Referencias

Israel Zangwill, El gran misterio de Bow (traducción de Ana Lorenzo, ilustración de portada de Dadu Shin), Madrid, Ardicia, 2015, 208 páginas.

La imagen de Israel Zangwill está tomada de Wikimedia Commons. La imagen de portada es del ilustrador Dadu Shin y es cortesía de la editorial Ardicia.