HHedición nacional un apreciable artículo de opinión, “¿Tiene futuro la literatura?”. Lo firma Miguel Ángel Garrido Gallardo, filólogo y profesor de investigación del grupo de Análisis del Discurso del CSIC, cuyo nombre me ha traido muy buenos recuerdos. Garrido Gallardo fue uno de mis profesores de Teoría de la Literatura en la Universidad Complutense, una etapa en la que aprendí de muchos y muy buenos maestros, y que fue una de las más enriquecedoras a nivel personal y académico.

El artículo no plantea ninguna cuestión nueva. Vuelve a interrogarse una vez más sobre el futuro de la literatura, en concreto en un contexto social dominado por Internet y por “nuevas tecnologías” como los dispositivos electrónicos de lectura, basando el discurso en esta premisa que, pese a manida, no deja de estar de actualidad.

Lo realmente interesante del texto es la idea que vertebra el artículo:”Para el futuro de la literatura, ya constreñida por su estrecho margen, el peligro que pueden suponer las nuevas tecnologías no viene del soporte, sino de la sobreinformación indiscriminada que no tiene en cuenta las diferencias de entidad. El futuro de la literatura dependerá de que se ponga o no en primer plano el discernimiento de la calidad”. Garrido Gallardo pone el acento en los peligros de la sobreinformación, que vista de cerca puede convertirse en un estercolero donde se puede encontrar un diamante junto a un trozo de metal y ser considerados como una misma entidad.

Lo que no aborda Garrido Gallardo en su reflexión es cómo puede un lector discernir entre un producto malo y la buena literatura para salvar el futuro de la literatura. Parece claro que en un contexto de sobreinformación es complicado elegir entre tantas opciones. Surge en este momento la duda de quiénes deben ser los actores legitimados para ayudar a encontrar la aguja entre tanta paja. ¿Los medios de comunicación y los suplementos culturales? No está claro, sobre todo si tenemos en cuenta los intereses editoriales y económicos que influyen en éstos.  ¿Los críticos de la blogosfera? Muchos aficionados realizan una buena labor de recomendación y difusión y su trabajo independiente es más necesario que nunca, pero no siempre éste se realiza desde un punto de vista hermenéutico y sí desde el vaivén de las influencias y de la popularidad de ciertas obras.  ¿El ámbito académico? Este grupo parece estar menos sometido a sospecha, pero siempre existe la posibilidad de sesgo personal en la elección.

El bombardeo constante de información nos complica la tarea de elegir. Las obras de literatura que se publican en nuestros días se presentan aplicando el mismo rasero de calidad. Es complicado. Dudamos entre los “Me gusta” de nuestros pares en las redes sociales y blogs y los “Te gustará” de los críticos culturales tradicionales y los mensajes de márketing. Ni siquiera con una educación académica se está a salvo y muchas veces el lector siente que le “han dado gato por liebre” a la hora de escoger un título.

¿Existe una manera de inmunizarse ante la mala literatura y ser capaz de discernir los productos de calidad entre la maraña que Internet nos pone en bandeja todos los días? ¿Tiene futuro la literatura o se verá progresivamente sustituida por subproductos que los lectores apreciarán al mismo nivel que la Odisea o El Quijote? Quiero pensar que sí, y que los lectores del futuro serguirán sabiendo distinguir un solomillo de una hamburguesa.

La imagen es de Rodrigo Denúbila.