Adaptaciones cinematograficas de novelas

Los intentos de adaptación cinematográfica de obras literarias (generalmente novelas, aunque también teatro), siempre han sido un combustible estupendo para iniciar un debate o entretenerse escuchando opiniones enfrentadas. Sus detractores, que son mayoría, suelen atacar las adaptaciones cinematográficas por su traición o mutilación de la obra original o por su incapacidad para trasladar la profundidad de los personajes o  desarrollar el argumento en menos de dos horas. Cuando se busca contar una historia en un medio distinto al que inicialmente se pensó para ella, los esfuerzos suelen desembocar en fracaso. Al final, todo se reduce a la propia esencia de los medios: se trata de dos formas de comunicación distintas con formatos y lenguajes diferentes.

Las novelas siempre han sido carne de cine. En un medio como el cinematográfico, ávido de buenas historias, el material sobre el que puede construir una nueva película es vasto. ¿Falta de originalidad? En parte. Sin embargo, en algunas ocasiones, la adaptación mejora el original literario.

Cuando estudiaba en la universidad tuve la suerte de cursar una asignatura en la que se trataba de analizar la mejor o peor fortuna de adaptaciones cinematográficas de algunas novelas de la literatura española. De todas los que estudiamos recuerdo mejor las películas que superaron a la novela, quizá por ser menos los ejemplos. Uno de ellos fue la novela Los santos inocentes (1981), de Miguel Delibes (Valladolid,1920-2010). La película, recordada en los últimos días por el fallecimiento del actor que supo encarnar la humanidad del personaje de Paco El Bajo, Alfredo Landa, se sacude toda la parte narrativa de la novela, cimentada en la oralidad y en un narrador omnisciente que se permite diseminar juicios de valor, y ofrece una historia distinta, más profunda y conmovedora que la obra original: nadie como Mario Camus supo retratar la desigualdad social de la España franquista y emocionar tanto con la construcción de sus personajes. En la misma línea estaba El Sur (1985), de Adelaida García Morales (Badajoz, 1945), obra que, siendo un (olvidado) relato de corte intimista y cercano al realismo mágico, tuvo en la película de Víctor Erice un contrapunto que tomaba como excusa la historia para dar lugar a una obra consciente de su identidad audiovisual.

¿Por qué no adaptar novelas al cine? ¿Qué hay de malo? A veces sale bien.

La imagen la tomé de esta web.