Para el escritor japonés Miyazawa Kenji (1896-1933) la actividad creadora fue pasión y fuente de placer. Su obra, debido a ese particular impulso creativo, se caracteriza por una vitalidad asombrosa y una conexión con la Naturaleza gracias a la cual el lector empatiza desde las primeras líneas de sus relatos.

Miyazawa Kenji es uno de los autores más queridos de Japón, patrimonio literario que se estudia en las escuelas y, que, al contrario de lo que pudiera parecer, tiene también un carácter universal que permite que sus narraciones hayan superado fronteras y llegado a todo tipo de lectores. Se trata de “un gran autor de cuentos y poeta”, como lo caracteriza la profesora Shigeko Suzuki, que apareció como una ráfaga de viento en la historia de la literatura japonesa y recorrió su corta vida como una bola de fuego. En esa corta vida resplandecen numerosos relatos y narraciones, especialmente El tren nocturno de la Vía Láctea (Ginga tetsudō no yoru, 1933), una historia donde la sencillez, la belleza y el lirismo entretejen su planteamiento narrativo, componiendo una de las obras más célebres y queridas para generaciones de japoneses.

La traductora y editora Montse Watkins fue una de las pioneras en acercar a Miyazawa Kenji al lector en lengua española. En 1994 vertió al español El tren nocturno de la Vía Láctea para la editorial Luna Books, traducción que volvió a recuperar en 2012 la editorial asturiana Satori. Con la llegada de 2018, Satori ha vuelto a editar el clásico de Miyazawa con una nueva traducción a cargo de Paula Martínez Sirés, responsable también de las notas y apéndices incluidos en el volumen.

Desde Satori su editora, Marián Bango, nos explica que la decisión de contar con una nueva traducción del clásico de Miyazawa Kenji ha sido principalmente una decisión de gestión editorial. “La traducción anterior de Montse Watkins era excelente: la edición de 2012 había funcionado muy bien y llevaba un par de años agotada. Cuando nos planteamos la posibilidad de editar la obra de nuevo, surgió la posibilidad de colaborar con una nueva traductora especializada en la obra de este autor y que proponía, además, incluir una serie de apéndices que ayudarían a extraer todo el jugo a la obra. Así que, principalmente, la diferencia entre ambas ediciones, más que en la calidad de la traducción (ambas excelentes) radica en los apéndices.

La nueva edición de El tren nocturno de la Vía Láctea recoge los relatos “Gauche, el violoncestista”, “Matasaburo, el genio del viento” y El tren nocturno de la Vía Láctea”. El principal punto en común de las tres historias es su relación con el mundo infantil y un planteamiento en el que las fronteras de la fantasía y la realidad son difusas. De este modo, Miyazawa Kenji combina elementos fantásticos, espirituales y de la Naturaleza para componer un fresco donde el lector se traslada a un mundo onírico donde la imaginación y la espontaneidad son elementos clave.

El volumen se abre con el relato “Gauche, el violoncestista” (“Seo hiki no Goshū”, 1934), un pequeño cuento cuyo protagonista es un músico que un día recibe la visita de varios animales que, con sus comentarios e intromisiones, cambian su manera de interpretar.

El segundo relato, “Matasaburo, el genio del viento” (1924) tiene como referente el mundo infantil, en el que un niño es capaz de corporeizar la delicadeza y fuerza del viento. Una pandilla de pequeños identifica, en los primeros días del curso escolar, a un nuevo compañero vestido a la occidental como Matasaburo, un genio del viento, por su aspecto físico y porque en su presencia siempre hay un misterioso golpe de viento involucrado.

Cierra el volumen el célebre relato “El tren nocturno de la Vía Láctea” (Ginga tetsudō no yoru, 1924-1933), uno de los más hermosos relatos de Miyazawa. “El tren nocturno de la Vía Láctea” presenta a Giovanni, un niño que sueña “con marcharse lejos” y con que su padre ausente vuelva a casa. Una noche, monta en un tren mágico junto a su amigo Campanella e inicia un viaje a través de espacios de ensueño vinculados con la mitología y el folklore japonés. En este sentido, gracias a las veinte páginas de los apéndices de la nueva edición de Satori, el lector puede contra con claves para apreciar el relato en toda su intensidad, conociendo el significado de muchas de las referencias budistas, astronómicas, arqueológicas, agrícolas y teológicas que impregnan el relato. Pese a ser una narración incompleta, su capacidad evocadora y lírica componen un relato desbordante de imaginación y poesía en los que el mundo de la infancia y la inocencia impregnan la historia.

Miyazawa Kenji es un autor que merece la pena descubrir. Como indica la editoria Marián Bango, “no sólo por ser uno de los grandes nombres de la literatura japonesa moderna, sino porque sus historias son un bálsamo para el espíritu: son puras, mágicas y sensibles. Al sumergirnos en ellas, aunque sea por un breve instante, esa pureza, esa magia y esa sensibilidad lo tiñen todo a nuestro alrededor.” Lo dicho. Sumerjámonos en la obra de Miyazawa Kenji.

Ficha bibliográfica

Miyazawa Kenji, El tren nocturno de la Vía Láctea (traducción, notas y apéndices de Paula Martínez Sirés; prólogo de Shigeko Suzuki), Gijón, Satori, 2017, 204 páginas.

Ilustración: Abra sus ojos azules (1917) portada para la partitura Senoo de Takehisa Yumeji.