Parece mentira, pero ya hace más de veinte años de la primera emisión de Doctor en Alaska (Northen Exposure).  Creo que fue de las primeras series a las que me enganché pese al maltrato a la que la sometió La 2, la televisión española que la emitió con muy poco respeto a horas intempestivas y alterando sistemáticamente el orden de sus temporadas. Pocas series han podido superarla en cuanto a riqueza de personajes y encanto de sus historias.

Doctor en Alaska: Chris Stevens y Cien años de soledad

Para los que no hayan tenido la suerte de ver (aún) esta joya de la televisión, la serie, emitida en EE. UU. por la cadena de televisión norteamericana CBS entre 1990 y 1995, cuenta la historia de un médico neoyorquino, Joel Fleishman, que tiene que ejercer su profesión en un pueblo perdido en Alaska, Cicely. Su neurótica y urbanita manera de ser chocará con la tranquila vida de la localidad, formada por un peculiar microcosmos de individuos: un ex-austronauta dueño de medio pueblo, una piloto tan neurótica como Fleishmann, el propietario de un bar casado con una reina de la belleza local, la recepcionista de la clínica que no articula palabra, Ed, el joven indio que quiere ser director de cine, y un sinfín de secundarios que componen un universo casi onírico. Entre todos estos personajes destaca el ex-presidiario Chris Stevens, que cada mañana a través de su programa  de radio en la K-BHR (la “K-OSO”) “Chris por la mañana”, ofrecía a los cicelyanos una serie de reflexiones personales a partir de lecturas de libros.

Cuando uno ha conocido y seguido la serie, no es de extrañar que Gabriel García Márquez , con su célebre Cien años de soledad, fuera uno de los autores “invitados” al programa de “Chris por la mañana” en más de una ocasión. Y es que, si hay algo que podemos asociar al pueblo de Cicely y a su peculiar universo humano, es ese realismo mágico latente en muchos de los libros del narrador colombiano.

En concreto, en el capítulo “Mr. Sandman” (5:12, emitido en 1994), Chris reflexiona lo siguiente:

“En ese estado de lucidez alucinada, no solo vieron las imágenes de sus sueños, algunos vieron las imágenes soñadas por otros. Eso es de Gabriel García Márquez. Cien Años de Soledad. Parece que hay precedentes de este intercambio de sueños. Quiero decir, ¿será así ahí fuera? ¿Quizás soñemos constantemente los sueños de otros? ¿No será que el mundo del subconsciente es realmente colectivo? ¿No son tus miedos mis miedos? ¿No son tus deseos mis deseos? ¿No bebemos todos de la misma copa humana?

Esto es lo que Carl Jung decía al respecto: «Toda conciencia separa, pero en los sueños tomamos la apariencia de un hombre más universal y verdadero y eterno que habita en la oscuridad de la noche primitiva. Allí él sigue siendo eterno y lo eterno está dentro de él, indistinto de la naturaleza y carente de todo ego. De estas profundidades que todo lo une emerge el sueño, sea infantil, grotesco o inmoral».”

En ese capítulo, precisamente, los habitantes de Cicely sufren una extraña alucinación que les lleva a soñar los sueños de otros. Como en el episodio de Cien años de soledad, los personajes de Doctor en Alaska están continuamente confrontando la realidad, lo fantástico y lo imaginado, conformando un mosaico en el que lo real maravilloso forma parte habitual de la vida diaria. Interesante al reflexión de Chris. ¿No son nuestros miedos los miedos de los demás? Y, en el fondo ¿no son nuestros sueños parte de otras imágenes soñadas por otros?

No he encontrado el vídeo de la lectura de García Márquez, pero sí este precioso fragmento del capítulo “Northern Lights (4:18) donde Chris recoge las últimas palabras de Goethe hablando de la luz tras un episodio donde los habitantes de Cicely han vivido en completa oscuridad:

Más literatura contada por Chris Stevens, en esta recopilación. También puedes echar un vistazo a alguna de sus frases más célebres.