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‘La visita de la vieja dama’, de Friedrich Dürrenmatt

La visita de la vieja dama - Durrenmatt

Uno de los temas universales de la literatura es la venganza. La venganza como motor vital unida, en la mayoría de las ocasiones, a un personal sentido de la justicia y a un concepto de la moralidad, de la ductilidad de lo moral, que es capaz de transformar y comprar los valores más firmes. Ésta es una de las notas principales que  vehiculan la obra de teatro La visita de la vieja dama (Der Besuch der alten Dame, 1956), del escritor y pintor suizo Friedrich Dürrenmatt (1921-1990). Una “comedia trágica”, como la etiqueta su autor, que destila perversidad y tristeza y que nos pone frente a un espejo que escupe la realidad todopoderosa del dinero, capaz de comprar la moral, la justicia y, en definitiva, cualquier cosa. Porque, aunque muchos se nieguen a aceptarlo, todo tiene un precio, incluso la vida y la muerte.

Este “clásico” del teatro contemporáneo tiene una trama sencilla y, a la vez, profunda y compleja. La visita de la vieja dama narra el regreso a su ciudad natal, Güllen -una pequeña localidad suiza empobrecida tras la II Guerra Mundial-, de Claire Zachanassian, quien en su juventud tuvo que “escapar” tras un escándalo que la proscribió para la buena “moral” y costumbres de la sociedad. Embarazada por uno de sus respetables habitantes, Alfred Ill, que eludió con engaños y por dinero su responsabilidad ante la justicia y la propia moral, Claire regresa convertida en una millonaria y haciendo una particular petición de justicia.

Revestida del poder del dinero y con una voluntad de venganza muy clara, la Vieja Dama ofrece a los habitantes del pueblo una fabulosa suma de dinero con una sola condición: que maten a Alfred, cumpliéndose así sus deseos de justicia.

Ante tal petición el pueblo se escandaliza pero, poco a poco, y seducido por el brillo del dinero, va aceptando como natural el que se haga justicia de una manera tan radical y expeditiva con el antaño seductor de Claire.

Dürrenmatt teje con habilidad una trama que avanza como una apisonadora hasta el previsible final. Profundamente pesimista y cargada de una tristeza casi grotesca, la obra plasma la terrible voluntad de la Vieja Dama, que bajo el paraguas del materialismo y el dinero tiene claro que la justicia es tan sólo una de las muchas cosas que se pueden comprar en la vida.

La visita de la vieja dama: todos tenemos un precio

Lo terrorífico de esta obra es que asistimos a la lenta corrupción del pueblo de Güllen, en un principio escandalizado y, finalmente, totalmente convencido de la validez de las peticiones de Claire. “Algo habrá hecho”, se dice en un momento de la obra en relación al personaje de Alfred.

Dürrenmatt no tiene ningún reparo en implicar en este perverso juego a todos los estratos de la sociedad: políticos, maestros, curas… todos sucumben de una manera u otra a las comodidades superficiales del dinero. Pero siempre convencidos de su superioridad moral y en lo inquebrantable de sus principios.

En este fragmento, por ejemplo, el pastor del pueblo defiende ante Alfred Ill el “buen nombre” de los habitantes de Güllen quienes, como se descubrirá inmediatamente, ya están siendo corrompidos por el dinero de Claire:

EL PASTOR: El infierno está dentro de usted. Es mayor que yo y se imagina conocer a la gente, pero uno sólo se conoce a sí mismo. Como traicionó a una joven por dinero hace ya muchos años, ahora cree que esta gente también va a traicionarlo a usted por dinero. Saca conclusiones sobre los demás partiendo de su propia persona. Algo perfectamente natural. La verdadera razón de nuestro miedo está en nuestro corazón, en nuestros pecados:: cuando reconozca esta verdad, vencerá aquello que le atormenta y obtendrá las armas para conseguirlo.

Y mientras asistimos a la lenta y segura corrupción de los habitantes de Güllen, amorales e inmorales en sus racionamientos, el personaje de Alfred Ill, que en ningún momento hace que el lector se sienta identificado con él (Ill es, efectivamente, culpable de la seducción y engaño a Claire), va lentamente asumiendo su trágico y grotesco destino transmitiendo al lector una progresiva sensación de angustia y opresión que se transforma, al final de la obra, en resignación y aceptación de su destino.

Por otra parte, y frente a la pretendida rectitud del pueblo de Güllen, destaca el personaje de Claire Zachanassian, una especie de mujer rota y reconstruida con un particular sentido de la justicia y del valor del dinero. En el siguiente parlamento se resumen los principios morales de la Vieja Dama, consecuente y brutal en sus razonamientos. En este fragmento se encuentra, además, una de las frases más célebres y desoladoras de la obra:

CLAIRE ZACHANASSIAN: El humanitarismo, caballeros, ha sido hecho para la bolsa de los millonarios. Con mi capacidad financiera es posible reorganizar el mundo. El mundo me convirtió en una puta y yo lo convierto ahora en un burdel. Quien no quiera apoquinar, tendrá que aguantar si quiere participar en el baile. Y vosotros queréis bailar. Decente es sólo el que paga, y yo pago. Güllen por un asesinato, prosperidad general por un cadáver. [el subrayado es mío]

La visita de la vieja dama es una de las obras más importantes del teatro contemporáneo. Una comedia trágica que nos plantea el sentido de la justicia, el poder del dinero y de la venganza. Un pesimista retrato de un mundo que se prostituye al mejor postor.

Ficha bibliográfica

Dürrenmatt, Friedrich: La Visita de la Vieja Dama, Barcelona, Tusquets, 1999.

Imagen de portada: representación del Festival de Teatro Iberoamericano.

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