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Un paseo por los espacios de ‘Alicia en el País de las Maravillas’

Alicia en el Pais de las Maravillas

Alicia en el País de las Maravillas (1865) es, junto a A través del espejo (1871), una de las más célebres y fundamentales obras del escritor inglés Lewis Carroll, pseudónimo de Charles Lutwidge Dodgson. Estas dos obras, nacidas para la diversión de la pequeña Alice Liddell, una de sus pupilas (Lewis Carroll se dedicó a la enseñanza de matemáticas, además de su conocida faceta como escritor y fotógrafo), desarrollan las disparatadas situaciones que protagoniza la heroína de las aventuras, Alicia, mostrando todo un mundo de fantasía que situó a ambos libros en el terreno de la literatura infantil.

Sin embargo, coexisten en las historias de Alicia en el País de las Maravillas una serie de elementos de gran interés que nos permiten acudir a la lectura de este libro desde una perspectiva muy distinta a la que hasta ahora había situado al libro en el universo infantil. Uno de estos elementos es el hecho de que Lewis Carroll articula su relato como un viaje fantástico caracterizado por moverse en una dimensión temporal y espacial inusual en la literatura infantil y aún en la literatura “para adultos”. En esta dimensión merece una especial atención el espacio o espacios en los cuales se desarrolla la acción.

Alicia en el País de las Maravillas

Los espacios de Alicia en el País de las Maravillas como ente autónomo

Alicia en el País de las Maravillas presenta una serie de espacios –agrupados éstos en el universo de Wonderland– que se articulan como un auténtico ente autónomo que puede valorarse como un elemento sustancial en el libro y aún como un personaje más de la narración, personaje con un protagonismo claro, que se transforma, modifica e interactúa con los restantes personajes del libro de una manera significativa. Si nos acercamos hasta el texto, podemos observar que la narración comienza desarrollándose en un espacio reconocible, real, quizá un poco difuso, desde el cual Alicia comienza su viaje hacia Wonderland.

Partiendo del que parece que fue el espacio real desde donde surgió la historia que Lewis Carroll narró a las pequeñas Liddell (los paseos en barca a lo largo del río), Alicia se enfrenta a la irrupción de un elemento de tipo fantástico que le permite acceder hasta el itinerario fantástico a través de Wonderland (en este caso el conejo blanco, un elemento inusual, pero aceptado inmediatamente por su protagonista, que aparece inesperadamente en ese espacio natural para transportar a Alicia al mundo disparatado de Wonderland). A partir de este momento, la protagonista inicia un viaje inusual a través de ese País de las Maravillas en el que se suceden diversos escenarios y espacios en apariencia muy parecidos al “mundo real” en el que se mueve Alicia pero que encierran una gran complejidad estructural.

El espacio juega con Alicia

Todos los espacios por los que vemos desenvolverse las aventuras de Alicia tienen una serie de rasgos y características comunes que nos permiten ver todos estos espacios como un ente único y autónomo, tal y como hemos señalado anteriormente. La principal característica de todos estos espacios a través de los cuales se mueve la protagonista es, por ejemplo, el poder que éste ejerce sobre la protagonista, Alicia.

Introducida en este mundo subterráneo, en las antípodas de lo aparentemente real, la protagonista debe adaptarse al espacio en el que se desenvuelve y nunca a la inversa. No se trata solamente de que el personaje deba asumir y adaptarse a un espacio nuevo, desconocido, tal y como sucede cuando emprendemos un viaje y llegamos a nuestro destino, sino que también debe adaptarse mentalmente (aceptar la falta de reglas o concepciones aplicables al mundo que Alicia conocía hasta el momento). Así, vemos que Alicia debe transformar continuamente su tamaño para poder avanzar en el mundo de Wonderland.

Espacios de la naturaleza y lo humano

Otra de las apreciaciones que pueden hacerse en el relato es la alternancia de espacios ligados a la naturaleza (jardines, riberas, bosques…) y a lo humano, en el sentido de que se habla de espacios reconocibles como interiores de casas, un tribunal, etc.

Los espacios ligados a lo natural, siempre en oposición a lo construido, a lo manufacturado, son espacios positivos; en cierta medida pueden calificarse como de “naturaleza domada”, pero a la vez imprevisibles, como todo lo que acontece en Wonderland. Por otro lado, se suceden, junto a los jardines y bosques, espacios situados en interiores indeterminados como casas, salones, cocinas, etc. La “sala larga y baja” a la que llega Alicia tras caer por la madriguera es precisamente un espacio indeterminado, en cierta medida amenazador y abierto a todo tipo de posibilidades. Asimismo, el espacio en Wonderland se transforma inesperadamente según las necesidades de la historia, demostrando así que es un espacio vivo, cambiante. Es el espacio, además, quien provee a Alicia de elementos necesarios para que pueda moverse en él (botellitas con líquidos que alteran su tamaño, pastelillos, etc.)

Principales espacios en Alicia en el País de las Maravillas

Así pues, y a grandes rasgos, podemos observar que los principales espacios de Alicia en el País de las Maravillas son:

– orilla (del río)

– túnel-madriguera

– sala larga y baja con puertas

– jardín

– charco de lágrimas

– casa del conejo blanco

– bosque (coloquio con la oruga)

– casa de la Duquesa

– casa de la Liebre de Marzo

– jardín de la Reina y campo de croquet

– “espacio del recuerdo” de la Falsa Tortuga

– orilla del mar

– Tribunal de justicia

– Orilla del río (de nuevo, lo cual cierra de manera cíclica el relato).

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El espacio “incógnita”

Como podemos observar, en el conjunto de los espacios que integran el universo conocido por Alicia de Wonderland, existe una clara alternancia entre espacios naturales y espacios interiores, mostrando una oposición entre los positivo y lo negativo, pero siempre caracterizado por lo inesperado, por la sorpresa.

Estamos, por tanto, ante lo que podríamos llamar “espacio incógnita”. En este sentido, el complejo y extraño entramado de espacios de Wonderland se caracteriza por ser una especie de espacio mental desarrollado por la pequeña Alicia, un espacio que es capaz de desplazar al de la realidad, quebrando sus reglas y adoptando un protagonismo especial. En sí mismo, el espacio es una abstracción derivado de las realidades en que nos movemos, cosa que sucede con una enorme naturalidad en Alicia en el País de las Maravillas, ya que de los espacios “reales” conocidos por la protagonista, nace un mundo paralelo, muy similar al real pero con una serie de realidades temporales y espaciales totalmente diferentes, como el hecho de que los animales hablen, que las personas alteren su tamaño comiendo o bebiendo líquidos o pasteles mágicos, etc. En este universo entra en escena lo relativo, en donde la matemática tiene una importancia crucial (con sus elementos de espacio y tiempo y la irrupción de la cuarta dimensión).

El espacio de Alicia en el País de las Maravillas es, pues, un espacio autónomo, cambiante, deformador, una mutación pura. A lo largo de la historia muta según las exigencias de la historia, cambia como un decorado de teatro, se altera y altera a sus personajes.

1. El río

El primer espacio desde el cual parte la acción de la historia es el de la orilla de un río. Sin embargo, Carroll no especifica nada más, no nos indica de qué río se trata, dónde está situado. Tan sólo nos presenta un espacio natural no definido. En este marco natural decide introducir el elemento fantástico que abrirá las puertas del viaje de Alicia hacia Wonderland. Se trata del Conejo Blanco, un elemento que la protagonista asimila con naturalidad (según la narración, “nada extraordinario había en todo eso”). La pequeña protagonista sigue al Conejo Blanco, hasta que detrás de un seto surge una madriguera.

2. El túnel-madriguera

A partir se aquí surge el segundo de los espacios relevantes de la historia, el túnel-madriguera, espacio que destaca por la relatividad del tiempo y de espacio (su longitud). Es un espacio inmenso, inabarcable, en el cual Alicia desciende sin tener conciencia del tiempo. Podríamos caer en la tentación de relacionar este túnel-madriguera con una especie de útero materno que conduce a Alicia hacia un nuevo mundo, pero parece más indicado en este caso prescindir de explicaciones de tipo psicológico-metafórico. En este caso Alicia de mueve en un largo y relativo espacio que le permitirá acceder a un nuevo mundo. Es un espacio para largos pensamientos, (a dónde lleva el túnel, Dina, la gata de Alicia…) que desemboca en la oscuridad, donde Alicia cae sobre un montón de hojas secas. En este punto Lewis Carroll somete a la oscuridad expectante a su espacio, el cual transforma como un mago en una “sala larga y baja, alumbrada por una hilera de lámparas que colgaban del techo”. En este caso estamos ante un espacio que claramente ha mutado, indefinido pero amplio, en contraste con el escenario natural en el cual Alicia se había estado moviendo anteriormente. Le caracteriza el hecho de tener puertas a todos los lados, lo cual equivale a resaltar las posibilidades que se abren ante a Alicia. Es, en otras palabras, el espacio de la incertidumbre, un espacio irreal, fantástico, abierto a todo tipo de posibilidades.

3. La sala, la mesa y el pasadizo

De pronto, en este espacio en el que el lector y Alicia esperan a que suceda algo, aparecen unos elementos imprevistos: una mesa de tres patas de cristal con una llave de oro. Asistimos aquí ante el primer caso de provisión de elementos necesarios para moverse en el espacio de Wonderland. Ante tanta puerta cerrada que impide el desarrollo de la acción, el espacio ofrece una herramienta para desenvolverse dentro de él, en este caso una llavecilla de oro. Estamos ante un espacio positivo, lleno de posibilidades para Alicia. En este momento, tras una cortina, la protagonista descubre una puerta que conduce a un estrecho pasadizo “no mucho mayor que una ratonera. En este caso, al contrario que el túnel-madriguera, es un espacio negativo, también caracterizado por la incertidumbre, que lleva a desembocar en el cuarto gran espacio de la historia, un jardín. Volvemos de nuevo a un espacio natural, de clara significación positiva, lleno de flores y fuentes. Un escenario casi edénico al cual, sin embargo, Alicia ha tenido que adaptarse bebiendo una botellita de líquido que ha adaptado su tamaño. Esta acción le ha permitido alcanzar los veinticinco centímetro de longitud, es decir, menguar su tamaño. Sin embargo, ante su primera transformación surge el primer problema de Alicia en este imprevisible espacio, ya que olvida la llave de oro que le permitirá volver. No obstante, el espacio provee a la protagonista de una solución, ofreciéndole una cajita de cristal con el mensaje de “cómeme” que le permite cambiar de tamaño nuevamente. Pero todo en Wonderland es desmesurado y relativo. Tras comer el pastel, Alicia adquiere una altura desmedida. Ante esta situación, surge de nuevo el Conejo Blanco, que no le presta ayuda. En este punto, Lewis carroll ofrece una interesante reflexión sobre el cambio en labios de Alicia:

¿Era yo la misma al levantarme esta mañana? Casi creo recordar que me sentía un poco distinta. Pero si no soy la misma, la pregunta siguiente es: ¿quién diablos soy?

4. El charco de lágrimas

Después de alterar su tamaño, en esa dinámica de relatividad en la que Alicia se esta moviendo, comienza a llorar, cayendo después en el charco de sus lágrimas.

Este nuevo y curioso escenario le sirve a Carroll para presentar esa relatividad que caracteriza la narración de Alicia en el País de las maravillas. Un espacio en apariencia insignificante ha adquirido una dimensión colosal casi de océano, jugando así con las palabras y las metáforas (“un océano de lágrimas”). Este curioso espacio le permite introducir una charla con otros seres como aves, un ratón, un pato, un Dodo, un aguilucho o un loro. Después de esta situación Alicia vuelve a ver al Conejo Blanco, pero todo “parecía haber cambiado desde que cayera en el charco, y la gran sala –con mesa de cristal y puertas– había desaparecido.” Vemos así que el espacio se transforma inesperadamente según necesidades de la historia, muta en un juego curioso e imparable en el cual la protagonista se mueve con estupor y a la vez naturalidad. Alicia corre y se encuentra una casa limpia, según se nos señala en la narración, con una placa de bronce que inicia que es la morada del conejo blanco.

5. La casa limpia

Estamos así ante el sexto espacio importante de la narración, un espacio que se caracteriza por el orden y la limpieza. Es un espacio domesticado que de nuevo provee a Alicia del elemento inesperado, pues le ofrece una botellita que le indica que beba. Esto provoca un crecimiento inesperado que se soluciona posteriormente comiendo un pastelito que le permite adaptar de nuevo su tamaño. Tras esta situación, Alicia decide huir hacia el bosque, hacia un espacio natural y positivo, un espacio abierto desde el cual Alicia quiere volver al jardín. Vemos así las clásicas connotaciones positivas que posee un espacio como el del jardín, cualidades que a lo largo de la historia de la literatura se han ido desatacando de este espacio. Tras llegar al jardín se produce el coloquio con la oruga, que se finaliza con la marcha de ésta hacia el bosque, hacia lo impenetrable.

6. La cocina

Posteriormente Alicia llega hasta el que es el séptimo espacio de la historia, la casa de la Duquesa, que se centraliza fundamentalmente en el escenario de la cocina. Es una espacio desconcertante, en donde “había demasiado pimienta en el aire”.

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7. La casa de la liebre

Tras el coloquio con el gato de Cheshire Alicia llega a uno de los espacios más célebres y disparatados del relato, aquel en el cual se desarrolla la conversación con la Liebre de Marzo y el Sombrerero. La casa de la liebre, que está definida por los rasgos fundamentales del animal (chimenea en forma de orejas y el tejado cubierto de piel), exige a Alicia un nuevo esfuerzo para adaptarse a él, ya que antes de acceder a este escenario come un trozo de seta. En la “merienda de locos” vemos que el espacio es un ente autónomo, donde el tamaño está fuertemente relativizado. Está siempre en contraste la naturaleza y los espacios humanos, cerrados, negativos, pero siempre imprevisibles. Después de este espacio Alicia nos introduce en un universo nuevo, tras atravesar uno de los árboles del jardín que tenía una puerta en su interior. Este acceso, que nos plantea un cierto paralelismo con la madriguera-túnel, conduce de nuevo a la gran sala de puertas, planteando una interesante reflexión sobre la relatividad del espacio y sobre la circularidad de éste. De nuevo ante la mesita de cristal, Alicia repite el proceso inicial, reduciendo su tamaño y llegando hasta un jardín de flores y fuentes, no sabemos si el original o uno distinto, aunque eso en Alicia en el País de las Maravillas tiene una importancia secundaria. En este jardín Alicia contempla un curioso campo de criquet, en donde se suceden distintos encuentros con la Duquesa y el grifo. En este punto conviene señalar la importancia de uno de los encuentros de Alicia con uno de los personajes de la historia, la Falsa Tortuga, que nos plantea un espacio original el cual daremos en llamar “espacio del recuerdo”.

En estos límites complejos y difíciles, Lewis Carroll juega a retrotraer al personaje a su infancia y al lector a un escenario distinto (parlamento sobre la escuela y las disciplinas en ella explicadas). Frente a los espacios puramente físicos, Carroll introduce un espacio incorpóreo, difuso, que convendría estudiar desde una perspectiva más profunda que la que en este breve acercamiento a los espacios del libro podemos hacer.

8. El tribunal de justicia

Posteriormente entran en escena los personajes de la Reina y Rey de Corazones que, tras diversos acontecimientos, presentan un nuevo espacio caracterizado por su negatividad, por ser un espacio cerrado, amenazador, complejo. Se trata del tribunal de justicia, en donde Alicia finaliza su “viaje” al encontrarse “de nuevo tumbada a la orilla del río”.

Como vemos, el relato de Carroll se caracteriza por su circularidad, por jugar con el espacio “del sueño” y la sucesión de escenarios que guardan entre sí diversos puntos en común, como son los que anteriormente hemos señalado. El espacio en Alicia es, fundamentalmente, un ente sorprendente, autónomo, que se caracteriza por su poder dominador sobre los personajes y por su continua metamorfosis. Es un espacio incógnita, de naturaleza lúdica, siempre en continua mutación e inaccesible tanto para su protagonista, como para el lector.

La imagen de portada recoge la ilustración que Fernando Vicente realizó para Nórdica del volumen A través del espejo.

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