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La crítica personalista

El crítico norteamericano Harold BloomHace unos cuantos años, cuando decidí hacer cosas poco prácticas e improductivas como estudiar Teoría de la Literatura, aprendí que la crítica literaria es un ejercicio subjetivo y egocéntrico.

Que, a veces, más que el texto, importa la perspectiva y la opinión del crítico. Que un estudio sobre un texto puede ser en realidad “la visión que el crítico tiene sobre ese texto”.

Uno de los primeros en confirmar esa teoría fue el crítico norteamericano Harold Bloom (Nueva York, 1930-), uno de los popes de los estudios literarios y el causante de que la simple idea de un canon (tan del gusto de los anglosajones) provoque sarpullidos en más de uno.

Harold Bloom es uno de los (muchos) representantes de la crítica personalista. Esa crítica en la que, casi tanto como la obra, importa la opinión y perspectiva del crítico. Su conocida obra El Canon Occidental (The Western Canon, 1994) es uno de los ejemplos más claros de individualismo crítico, ya que, al tratarse de una selección de obras “imprescindibles” filtradas por los criterios estéticos de un autor, impone al lector un gusto estético que va más allá de los valores de las obras sujetas a ese canon. En realidad, no son las mejores obras de la literatura occidental (o, al menos, no se trata de todas), sino aquellas obras que al crítico más le gustan.

Cuando estudiaba, Harold Bloom me provocaba un cierto rechazo, sobre todo por su nada sutil defensa de la superioridad de la literatura anglosajona,  aunque disfruté algunos de sus “best-sellers” como el mencionado El canon occidental, la monumental Shakespeare: la invención de lo humano (Shakespeare: the invention of the human, 1998) o el archiconocido “Como leer y por qué” (How to read and why, 2000). Al margen de ese personalismo, es cierto que la influencia de Bloom en el mundo académico ha sido tan evidente que resulta apabullante. Es el “crítico mediático” por excelencia y uno de los pensadores más influyentes en los estudios literarios. Algo así como el Punset norteamericano de las letras.

Ahora, el viejo profesor de Yale vuelve a publicar otro ensayo y lo que más llama la atención de él, sin haber empezado a leerlo, es su interesante y  hermosa declaración de principios sintetizada en el subtítulo de la obra: la literatura como modo de vida.  Porque, según indica Bloom en una entrevista publicada en El País, el verdadero asunto de su obra es la pasión por la lectura. Su pasión por la lectura.

La entrevista no tiene desperdicio y en ella el crítico neoyorquino confronta su manera de entender el mundo literario con los devoradores de un tipo de literatura como la representada por Stephen King o la autora de la saga de Harry Potter, J. K. Rowling, “que llevan a sus seguidores al suicidio intelectual, haciendo que se despeñen en el océano gris de Internet“. Así es y así ha sido siempre Bloom. Y lo peor es que tiene razón.

Bloom continúa haciendo de la crítica literaria una declaración de principios. Lo que antes me disgustaba, sin embargo, ahora me parece totalmente coherente. La crítica objetiva es difícil de conseguir y, desde luego, tiene una cierta falta de alma. El lector puede obtener un “dos por uno” con este tipo de crítica personalista. No es la mejor, pero sí que puede ser interesante. Al menos así sucede con Harold Bloom.

La imagen la he extraído del Examiner.

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